Blog de Adoración 2.0
Yo dormía, pero mi corazón velaba
Conforme crecemos en nuestra intimidad con Dios, naturalmente deseamos más y más de Su presencia. Progresamos de hablar, a escuchar; de la meditación, a la contemplación. Richard Foster, en su libro “La oración, Verdadero refugio del alma” nos describe muy bien lo que significa “contemplar” diciendo: “La oración y adoración contemplativa es una disciplina que puede liberarnos de nuestra adicción a las palabras. Entonces podemos decir que progresar en la intimidad con Dios significa progresar hacia el silencio. También es importante que sepamos que contemplación es a nuestra vida de oración lo que intimidad es al matrimonio. Después de un tiempo la pareja casada empieza a “conocer” las señales “no verbales” de ambos: una forma sutil, más plena, de comunicación.”
En cuanto a esto último, hay un versículo bíblico muy conocido de Cantar de los Cantares que dice: “Yo dormía, pero mi corazón velaba. Es la voz de mi amado que llama” (Cnt.5:2). Notamos que en este versículo ella duerme. Esto significa que su “yo” estaba en silencio, mientras su corazón velaba. El “yo” es todo aquello que te distrae, te aleja y te enfría. Este pasaje se relaciona con las palabras de Pablo en su Epístola a los Gálatas cuando dice: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mi”. Gal.2:20. El ejercicio del silencio o contemplación en la intimidad, junto con humildad, fue para Pablo, más que una prioridad, su diario vivir. Morimos diariamente, no es instantáneo, sino que es un proceso para ser cada día mas semejantes a El. Lo importante es que durante este proceso, no abandonemos. Tu “yo” serán entonces aquellas cosas que te alejarán de tener una comunión intima con el Señor. Luego el versículo de Cantares dice: “Es la voz de mi amado que llama”. Es importante notar que únicamente reconoces la voz del amado, cuando pasas tiempo con El.
Charles Stanley aptamente describe: “Cuando Dios habla, una de las señales más comunes es una sensación de quietud espiritual”.
En momentos claves de tu vida, El estará esperando que abras tu corazón, mientras te llama a un encuentro más profundo con El. Somos atraídos a Su presencia, y a la vez, mientras corres hacia El, tu yo muere. Hoy para muchos de nosotros nos es difícil reconocer que tenemos más distracciones en nuestras vidas, que atracción hacia El. Llevar una vida de adoración es para muchos como repetir canciones escritas por otros de lo que Dios es o cuanto amor y poder tiene, pero rápidamente cuando se apaga la música, no podemos con nuestras propias palabras, adorarle desde nuestro corazón. Una cosa he entendido, y es que una adoración genuina fluye de un corazón apasionado.
Algo importante que siempre me llamó la atención, he incluso en alguna oportunidad lo compartí como algo muy lejano a nosotros, es que Jesús nos advierte que en los Últimos Tiempos, el corazón de Sus hijos, se enfriará. Ellos por no conocer el corazón de Dios, y su justicia, se ofenderán por tanta maldad, y de esta manera, se alejarán de Él. Dice el pasaje: “y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mt.24:12). Gran decepción de los hijos de Dios viene, y solo el conocimiento del corazón del Padre, te mantendrá confiado en Sus caminos. Debemos entender y reconocer, antes de que lleguen esos tiempos que “separados de Él, nada podemos hacer”.
El Señor constantemente nos llama a Su presencia, por su deseo de llevarnos a nuevas etapas de intimidad; por su deseo de tener comunión con nosotros; y por su deseo de revelarnos Su amor. No pierdas esta semana, de volver tu corazón, al único que podrá saciar los deseos más profundos en ti, y que la oración de Pablo (escrita a continuación) se cumpla en cada uno de nosotros.
“…doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo,…para que os de, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que arraigados y cimentados en amor seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cual sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo que excede todo conocimiento, para que seáis llenos de la plenitud de Dios” (Ef.3:14-19)
No hay limites para Su amor, y si lo conoces, no habrá limites para tu entrega.
Fuente: Natalia A. Fuentes / Misionera Intercesora
| Print article | This entry was posted by Natalia Fuentes on August 28, 2010 at 4:08 am, and is filed under Intimidad con Dios. Follow any responses to this post through RSS 2.0. You can leave a response or trackback from your own site. |










